Grrr. Arfff. Puaj!
Hable con Franklin. Que alguien saque al perro. Dejaría un revoltijo que luego habría que limpiar. Entonces lo escuche atravesar la carretera. Si hasta tiene enteritas las mediazuelas. Seguro que el que ahora debería estar trinando de celos es el jorobado de Notre Dame.


